TAL VEZ OTRO DÍA - Rubén Mata

 

Uno es de esos que tienen la mala costumbre, o como diría un primo mío que es poeta “la puta costumbre”, de ir dando consejos a sus amigos e incluso a los que no lo son. Sobre todo en lo que respecta a temas de mal de amores, un servidor puede llegar a convertirse en todo un experto en la materia, si a mitad de la noche algún alma extraviada comete el error de pedirle opinión.
Pero como no es lo mismo hablar de toros que estar en el ruedo, cuando me encuentro en la arena, delante de los pitones… ¡de sus ojos!, me faltan piernas y burladeros para esconder la vergüenza y el temor a los puyazos de su mirada. Supongo que esta actitud de colegiala aterrada, hablando a la salida del colegio con ese chico dos años mayor que la tiene loquita, no entiende de edades. Pero mientras la niña se pondría la carpeta en el pecho a modo de escudo, yo voy poniendo cubatas. Por eso de vez en cuando, aunque también a costa de mi salud, tomo la ingrata decisión de intentar unir cuatro notas con cuatro frases, para decirle de lejos, las cuatro cosas que en realidad debería decirle al oído.
Entonces cunde el pánico en la fría habitación. Mi vida pasa seis o siete veces a cámara lenta por delante de mis ojos. Ya no son tan dolorosas las heridas, ni tan preciado el olvido. Ya no huele mi almohada a su pelo, ni se arrastra con malicia por los pasillos el eco de su adiós. Las calles mudas, no me cuentan cómo lo llevan con la guerra del invierno y la mejor de mis ideas es sólo humo envuelto en palabras. Será quizá porque la musa de turno ha encontrado a otro que le hace el amor mejor que yo, o simplemente porque ponerme a escribir algo casi “por obligación” me resulta poco menos que imposible.
Por eso, a veces pienso que las canciones ya están escritas. Que en algún remoto lugar donde se juntan las sensaciones, los sentimientos, las emociones y los recuerdos, vagan perezosas. Y allí, ajenas al trajín de nuestros días, esperan a que alguien las rapte para acercarlas hasta nosotros, tal vez por amor, tal vez por soledad... pero tal vez otro día.